MI EXPERIENCIA EN AYUDA INTERNACIONAL HUMANITARIA
A lo largo de mi vida como soldado, ya larga,
he tenido la oportunidad de participar en diferentes misiones internacionales
en diferentes fases de los conflictos, imposición de la paz, mantenimiento de
la paz o ayuda humanitaria.
A lo largo de ese tiempo, la idiosincrasia de
la participación internacional en este tipo de actividades ha cambiado
notablemente, y me gustaría comentar algunos cambios que he notado.
Normalmente, cuando hablamos de
reconstrucción de un país tras un conflicto bélico, tenemos obligatoriamente
que hablar de Fuerzas Armadas, debido fundamentalmente a la necesidad de
implementar un grado mínimo de seguridad en las operaciones.
Lo ideal para estas operaciones es que
deriven de un mandato internacional, a ser posible de una entidad supranacional
que no sea parte en el conflicto; quizás enseguida pensamos en la ONU, y quizás
sea la más adecuada por sus características: universalidad, pertenencia de
prácticamente todos los países del mundo y defensa de los derechos humanos.
Los contras que tiene la ONU en conflictos
bélicos pueden ser varios: la ausencia de una fuerza armada asignada e
instruida para esas misiones o la dificultad de conseguir esos acuerdos
internacionales que establezcan un grado de fuerza acorde a las necesidades
(principalmente por las reticencias de países con derecho a veto, ¡es bastante
habitual!).
Otra organización clave en el mundo
occidental es la OTAN, que si tiene fuerzas asignadas, estructura permanente de
mando y control y procedimientos en ambientes semipermisivos adecuados; al
estar formada por países con ideas de vida y gobierno muy similares, su
doctrina política y militar suele estar alineada y es fácilmente interoperable
por todos los actores.
En su contra, el representar una forma
occidental de entender la política y la vida le puede alejar de algunos actores
en los conflictos con idiosincrasias muy particulares e impedir el acuerdo
entre las partes sobre todo si alguna de ellas está muy cercana a la línea de
la OTAN.
En la actualidad, la necesidad de coordinar
muchos más actuantes sobre el terreno, como pueden ser ONG, asociaciones de
ayuda humanitario o el mismo flujo solidario que despierta una desgracia en un
país, representa un reto organizativo.
La solución que estamos viendo es involucrar
cada vez más a las Fuerzas Armadas como herramientas, no solo de fuerza, sino
de ayuda directa e intervención humanitaria; en el caso de España, y como
veremos en entradas posteriores de este blog, se consigue este objetivo
mediante la oferta de capacidades en el marco del Mecanismo de Protección Civil
de la Unión Europea, consiguiendo aunar lo bueno de ambos mundos, la
disciplina, fortaleza en comunicaciones y mando y control de los ejércitos, con
las capacidades de apoyo a la población civil requeridas y todo ello bajo el
paraguas político y operativo de la Dirección General de Protección Civil y
Emergencias.
La creación en España de una Unidad Militar
de Emergencias, a la que orgullosamente pertenezco, ha creado la herramienta
necesaria para el aporte solidario de ayuda internacional en el marco de la
protección civil, mediante el empleo de una herramienta permanente de
indiscutible carácter militar, pero marcada vocación de apoyo a la protección
civil.
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